miércoles, 26 de febrero de 2014

Sobre Ucrania


La crisis política en Ucrania y la ultraderecha
Izar Iraultza
La nación ucraniana es una de las naciones y pueblos más lacerados de la historia. Su historia se reviste de opresión y falta de independencia tanto política como económica e incluso cultural. Hasta 1917 Ucrania era formalmente parte del Imperio Zarista y era considerada parte de la Gran Rusia, que comprendía a Rusia, Bielorrusia y Ucrania. Ése era considerado el bastión del imperio, pues Rusia era el centro político, y Ucrania y Bielorrusia los graneros del zarismo.
El imperialismo del zarismo trató de acabar con los opositores que provenían de Ucrania, destacados cosacos que se rebelaron contra la homogeneización e imposición de una cultura oficial que buscaba suplantar la suya. De ahí que por una parte los cosacos sean la imagen del bandolerismo y de grandes kulaks (terratenientes) y en una dimensión más justa, la oposición étnica frente al invasor ruso. Esa condición de culturas en resistencia y en constante subordinación a una cultura dominante impide a los pueblos realizar y desarrollar en forma amplia una cultura independiente. Por ello cuando Rosa Luxemburgo señalaba en 1918 que el nacionalismo ucraniano era un invento de intelectuales pequeño-burgueses no se equivocaba.
El nacionalismo en Ucrania tomó diferentes caminos, primero como el ala burguesa con Simeón Petlura y la lucha contra los invasores austro-alemanes en 1918. Pero también hubo una propuesta autónoma poco reconocida, la impulsada por el makhnovismo que terminó siendo derrotada militarmente por los bolcheviques en 1921 y de inspiración anarquista. Movimientos desatados por los tratados de Brest-Litovsk que entregaban Ucrania a los alemanes. Si bien el destino de Ucrania dependió en aquellos momentos del Tratado y posteriormente de la resistencia al invasor, la Guerra Civil fue un conflicto internacional, pues los principales generales zaristas como Kolchak, Kornilov, Denikin y Wragel fueron financiados abiertamente por potencias occidentales.
Después de que los bolcheviques recuperaron Ucrania, la historia de esa nación no fue muy diferente a su pasado y a su futuro: pues su destino cayó en manos de los burocrátas de la Unión Soviética. El pueblo ucraniano luchó valerosamente durante la Segunda Guerra Mundial contra el fascismo. Pero sus decisiones y su independencia tanto política como económica y cultural no han sido desde aquella fecha y hasta nuestros días una meta realizada.
Después de la desintegración de la Unión Soviética y la pérdida de hegemonía de Rusia, varias repúblicas exsocialistas se integraron a la Organización del Tratado del Atlántico Norte como Hungría, Polonia, República Checa en 1999 y en 2004 Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Lituania, Letonia y Rumania. Ucrania ha empezado un proceso de integración a tal organización. El éxito de la OTAN en los Balcanes y en las ex repúblicas soviéticas se debe al desmembramiento y descomposición social de la URSS. Y con ello, una pérdida de la centralidad política de Rusia, y luego de aquellos valores que promulgaba en nombre del marxismo-leninismo.
En la década pasada, Ucrania ha sido el escenario de un jaloneo constante entre occidente y la Federación Rusa. Esto se debe principalmente a un reposicionamiento geopolítico y militar que va desde el año 2000 hasta el 2014. Reposicionamiento posible mediante la alianza con China y economías emergentes (BRICS). Es así que Rusia es capaz de disputar y recuperar territorios mediante la asfixia económica o el despliegue militar. Ucrania sigue siendo la nación fallida, o en todo caso, el fracaso de un proyecto de país tipo occidental basado en una cultura de opresión y autoritarismo.
Ucraina es un enclave económico muy importante pues es el espacio geográfico que se sitúa entre Europa y Rusia para transportar hidrocarburos. De ahí la defensa tajante por parte de los rusos a la intervención de fuerzas y potencias extranjeras. Pero dicho país es también un enclave militar importantísimo porque se sitúa directamente en las fronteras militares de Rusia, de igual forma, juega un papel de contención al expansionismo militar ruso.
Desde los noventas el nacionalismo ha jugado un papel enorme en los países exsocialistas situación alarmante en diversos escenarios. Si bien el nacionalismo podría jugar un papel revolucionario en el actual escenario político de Ucrania contra toda intervención extranjera de rusos y occidentales, el nacionalismo está jugando un papel de radicalización de las protestas hacia la derecha. En España y Grecia, países impactados ampliamente por la crisis han tenido un reflorecimiento de organización y militantes que enarbolan el neonazismo como bandera de lucha y propuesta de acción frente a la crisis. Lo preocupante es que dichas organizaciones han sido capaces de hacerse notar en el panorama político y cuentan con un florecimiento de jóvenes integrantes que se suman a sus tendencias porque otras organizaciones de izquierda o incluso de derecha moderada son incapaces de ofrecer alternativas a los manifestantes. Las crisis económicas y políticas son adjudicadas por esos grupos neonazis como Amanecer Dorado en Grecia, a inmigrantes y otras nacionalidades. De ahí el auge de dichos organizaciones.
La misma lucha en las calles por derrocar al gobierno en Ucrania se visualiza incluso en las banderas, consignas y acciones organizadas por grupos y tendencias políticas. El ataque a los monumentos soviéticos y la defensa de los mismos por los trabajadores es la clara expresión de proyectos políticos pasados y futuros que chocan abruptamente con la idea de un país que se desangra y es capaz de virar a izquierda y derecha. El ataque a las estatuas de Lenin va más allá del atentado inmediato, es el ataque al pasado, al proyecto socialista frustrado, a la tradición de lucha de la clase obrera, es el ataque y la negación de la igualdad social y la memoria. La defensa de esos monumentos es la reivindicación de esa causa perdida momentáneamente pero que puede resurgir como alternativa en periodos de convulsión social como el que se vive en Ucrania. Los proyectos sociales como el socialismo, pese a ser derrotados parcialmente, encuentran en condiciones similares a las que los originaron, un retorno para ajustar cuentas y corregir errores. Pero al igual que resurgen los partidarios del socialismo lo hacen los del neonazismo. Ahí está el reto para la población y los militantes ucranianos: o impulsar un proyecto socialista, o sumarse a la ultraderecha nefasta y asesina.
Los liberales democráticos ven en todos lados donde hay protestas un fermento revolucionario. ¿Qué de revolucionario pueden tener las organizaciones neonazis que se oponen al aborto, a los derechos de los homosexuales y enarbolan contra todo la fe cristiana, además de ser racistas, xenófobos y asesinar a comunistas y antifascistas? Para los medios occidentales y los distintos imperialismos ésa es la solución. La integración a la Unión Europea es lo que está en juego, y con ello un acercamiento que lleva años a la OTAN, llegará a consolidarse. En este caso, las protestas y la lucha armada en las calles toma dimensiones nuevas. Si bien en Ucrania existen diversas organizaciones políticas desde el Partido Comunista Ucraniano, Svoboda, Udar y Patria ninguno ha sido capaz de canalizar el descontento de la población por la represión como lo ha hecho el Frente de Derechas.
Si bien este proceso de lucha contra el gobierno y Yanukovich es una protesta ampliamente difundida entre la población, el Frente de Derechas está funcionando como dirección de las protestas antigubernamentales. Y lo hace porque las organizaciones al igual que los hombres, se ganan el respeto de los suyos con sus acciones y con una independencia política. El Frente de Derechas juega ese papel, y es sumamente preocupante porque al estar armado (ser un cuerpo paramilitar) y tener simpatía en la población debido a la incapacidad de otras organizaciones políticas, puede avanzar hasta sus últimas consecuencias. También es necesario matizar que las protestas y el enfrentamiento incluso armado no son necesariamente procesos revolucionarios.
Yanukovich fue destituido debido a la dimensión que tomaron las protestas, pero el movimiento no terminará ahí, y de radicalizarse podría intentar trastocar el orden social ucraniano, sus instituciones, como proceso revolucionario o como golpe de Estado. La cuestión está en el avance de la ultraderecha en dicho movimiento. Corresponde a las organizaciones de izquierda impedirlo, y con ello surgir como la alternativa frente al marasmo en que se encuentra Ucrania. También corresponde a aquellas la responsabilidad de convencer a la población de que la Unión Europea no es la solución y que ha llevado a la quiebra y la crisis a Grecia y España. Lo que está en disputa en Ucrania es el drama de toda su historia: la lucha por la independencia política, económica y cultural tanto de los rusos como de los europeos.

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